Como cada año, hoy 4 de septiembre, se celebra el Día Mundial de la Salud Sexual con el objetivo de  promover una mayor conciencia social en torno a este tema. Es por eso por lo que, hoy quiero hacer una reflexión de la situación que está viviendo los adolescentes en estos tiempos de pandemia. 

 

La Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS) que es el organismo encargado de promover este día desde el año 2010,  ha propuesto como lema “El placer sexual en tiempos de crisis por COVID-19” y es que, este año ha estado marcado desde sus inicios por la aparición de esta nueva enfermedad y su consecuencias sanitarias, sociales y económicas. 

 

Los adolescentes, como el resto de toda la población, han tenido que aprender de manera violenta lo que significa tomar distancia social, vivir en confinamiento y extremar las medidas de  higiene, pero,  

 

¿Cómo está afectando esto a la salud sexual de los adolescentes? 

 

Recordemos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la salud sexual como un “estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad; la cual no es solamente la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad”, por lo que, cuando hablo de la salud sexual adolescente me estoy refiriendo no sólo a las actividades sexuales y reproductivas,  sino al equilibrio psicológico y emocional de cada persona: su identidad, rol de género, orientación, su erotismo, su placer, intimidad y en definitiva como va “vivenciando” su sexualidad. 

 

La sexualidad es un aspecto central del ser humano que va cambiando en cada etapa vital, y si hay una que pueda llegar a ser un punto de inflexión en la biografía de las personas, esa etapa es la adolescencia. 

 

Con la pubertad, en torno a los 9 años, comienzan a  ocurrir una serie cambios físicos que consiguen que un cuerpo infantil vaya adquiriendo características adultas. Cada día, esos procesos biológicos o endocrinos que generan los cambios, se van haciendo más extensos y se empieza a notar un profundo cambio en los aspectos psicológicos, sociales y éticos, esto es lo que se conoce como adolescencia. 

 

Durante este periodo, que puede extenderse hasta los 20 o 21 años, las personas asientan las bases que le construirán como adultos. Empiezan a tomar decisiones y a marcar sus posturas acerca del mundo que les rodea, es  lo que comúnmente conocemos como “madurar”. 

 

Es la etapa de las primeras veces físicas: primeras reglas en las chicas y primeras eyaculaciones en los chicos, primeros contactos físicos con iguales, primeros besos, primeras masturbaciones, primeros coitos…

 

La de las primeras veces sociales: Las primeras salidas nocturnas, los primeros viajes sin padres, las primeras aventuras…

 

También ocurren las primeras veces en lo afectivo: primeras ilusiones o “enamoramientos”, primeros desencuentros emocionales, primeras uniones y primeras rupturas… 

 

Y todo esto sucede en una mente que está siendo, literalmente, bombardeada por sustancias químicas tan potentes que pueden condicionar el sueño, el estado anímico, el hambre, el crecimiento y la concentración, entre otros.

 

¿Qué secuelas psicológicas quedarán en esta generación que no ha podido vivir este año su amor de verano? 

 

¿Cómo aprenderán a tomar decisiones referentes a su salud sexual estos jóvenes que no pueden mantener contacto? 

 

¿Cómo va a tener referentes sin socializar? ¿Podrán definir su expresión de género sin apenas vestirse para salir?

 

 ¿Qué tipo de vacío está dejando en ellos y ellas la falta de contacto físico? 

 

El aumento del deseo y de la actividad física es también una característica inherente a los adolescentes, pero ¿Cómo pueden vivirla cuando no hay espacios para la privacidad? 

 

Puede que muchas personas piensen que esta situación es transitoria y no debería afectar al desarrollo psico-sexual de esta generación, pero personalmente creo que, esta pandemia dejará una huella profunda, que puede marcar la forma en la que los humanos nos relacionaremos en un futuro. 

 

Ya sé que esto suena muy drástico, y mi intención no es hoy alarmar a nadie, sino que pongamos la vista en esas personas que hoy necesitan poner a prueba el ejercicio de su libertad y de su autonomía para constuirse como seres capaces de establecer relaciones afectivas equilibradas y concientes. 

 

No podemos menospreciar la importancia de la intensidad de sus sentimientos y cómo les está afectando no poder quedar con sus amigos y amigas, no tener citas,  o posponer sus encuentros sexuales. 

 

Por eso, en este Día Mundial de la Salud quiero decirles a los padres, madres y educadores de adolescentes, que recuerden que ellos también son población de riesgo, no porque tengan más posibilidades de contagio de coronavirus, sino porque está en riesgo su salud sexual que incluye, obviamente, su salud psicológica. 

Para ello: 

 

La construcción de la vida afectiva y sexual, en esta la nueva normalidad, seguramente generará cambios en los adolescentes que aún no somos capaces de medir, por eso, es responsabilidad de toda esta sociedad, dar importancia a sus necesidades y respetar su desarrollo, a pesar de las circunstancias.