¿Tu pareja y tú tenéis diferencias en los niveles de deseo sexual? 

 

En ocasiones, la falta de sincronía en la pareja es un conflicto que acaba convirtiéndose en el germen de una crisis de pareja. 

 

A lo largo de la vida de la pareja, puede haber etapas en las que uno de los miembros tenga más ganas de un encuentro sexual  que la otra persona. 

 

O simplemente puede ocurrir que ambos tengan la misma necesidad de frecuencia pero en horas totalmente diferentes. 

 

¿Por qué nuestra necesidad de sexo no es igual si estamos enamorados? 

 

En primer lugar, es necesario que sepas que el deseo sexual no es lineal. 

 

Es el resultado de una compleja ecuación entre nuestra parte psicológica, biológica y social, por lo que puede verse afectado por acontecimientos internos y externos. 

 

Tanto en hombres como en mujeres, el deseo sexual no responde solo a las hormonas o los instintos, no es una necesidad básica de subsistencia (como el comer) y no existe un “nivel” correcto o bueno. 

 

Erróneamente se dice que cuando tenemos un bajo deseo sexual “nos ha bajado la líbido”, como si se tratara de un valor detectable en un análisis de sangre como el colesterol o la vitamina D. 

 

Si esto fuese así de fácil, hace años que la industria farmacéutica hubiese inventado un suplemento alimenticio que todos quisiéramos comprar en algún momento de nuestras vidas. ¿No crees? 

 

Tampoco está directamente relacionado con el “amor”, aunque pueden confundirse.

El “nivel” de deseo sexual de cada persona (tanto en hombres como en mujeres)  puede variar por muchos motivos, por nombrar algunos más frecuentes: 

 

  • Efectos psicológicos del diagnóstico de una enfermedad, propia o cercana.
  • Como efecto secundario de la toma de algunas medicinas.
  • Duelos y fallecimientos de seres queridos.
  • Cambios en la convivencia de la pareja (por nacimiento de un hijo o convivencia con terceros). 
  • Pérdida de trabajo o situaciones laborales estresantes.
  • Cambios hormonales drásticos.
  • Educación sexual restrictiva.
  • Falta de comunicación o conflictos en la pareja.
  • Falta de estímulos sexuales y/o Rutina 
  • Drogas y otras sustancias. 
  • Baja autoestima. 
  • Alteraciones del ritmo circadiano.
  • Estrés por cualquier motivo.
  • Patologías clínicas psicológicas como por ejemplo la depresión. 

 

Cómo has visto, son muchas (y muy abstractas) las cosas que influyen en nuestras propias ganas, así que cuando hablamos de pareja la cosa se complica, porque debemos multiplicar las condiciones de cada uno por dos*. 

 

Entonces ¿Cómo se puede sincronizar el ritmo de las “ganas” en la pareja? 

¿Qué podemos hacer cuando una parte de la pareja tiene ganas y la otra no? 

 

Si estás leyendo esto puede que tu pareja esté pasando por esta situación, en ese caso, la “solución” que necesitas depende del lado en el que estés: ¿Eres quien tiene más ganas o quien tiene menos ganas?

Si tienes más ganas que tu pareja puede que sientas frustración, rabia o tristeza al no poder satisfacer tus propios deseos y/o que tu autoestima se vea afectada al no sentirte un ser deseado.  

 

Puede que si estás de ese lado, hayas cometido el error de presionar a tu pareja de diversas formas demandando sexo, e incluso -espero que no- hayas llegado a la coacción o al chantaje. 

Por el contrario, si estás del otro lado y eres la persona que tiene menos ganas o que por alguna situación no desea tener contacto sexual con la misma frecuencia, es posible que experimentes culpa, ansiedad, tristeza y también frustración.

Puede que alguna vez hayas accedido a hacerlo sin ganas, o que te hayas buscado una excusa que te exima de la “obligación” de tener sexo. 

 

Ambas personas tienen derecho a satisfacer su necesidad y a ser respetadas por la pareja y ambas personas experimentan una situación que debe ser atendida 

¿Entonces cómo nos sincronizamos? 

 

Según un estudio, el deseo sexual masculino es máximo entre las 6 y 7 horas de la mañana, y el femenino entre las 23 horas y las 2 de la madrugada. Además, en ese mismo estudio se afirma que ellos tienen, 3 veces más ganas que ellas de tener sexo. 

Pero ya sabéis lo que pienso de “según los estudios”… Si todo fuese medible y esta información nos diera la clave, las parejas homosexuales no tendrían dificultades sexuales… ¡y no es así!

Las mujeres no tienen menos deseo sexual y los hombres no solo piensan en sexo. 

Cada pareja, independientemente de la orientación sexual o el género de sus miembros tiene sus propios ritmos. Un ritmo que se origina en el ritmo propio de las   personas que la componen.

La respuesta real es que no podéis sincronizar el deseo sexual.

No existe un “Deseómetro” por lo que no se puede ponderar de manera objetiva, ni  determinar quién tiene más o menos deseo o cuánto es su nivel.

Los seres humanos no somos relojes ni piezas de  puzzles, así que no intentes hacer algo que es imposible. 

 

En vez de buscar cómo sincronizar las ganas de tener sexo en pareja, estas son las cosas que debeis hacer para que esta situacíon sea temporal y no genere un desgaste o desconexión de la pareja: 

 

  • Entender, asumir y aceptar las situaciones personales externas que no se pueden cambiar.
  • Prestar atención a los cuidados propios y el autoerotismo.
  • Invertir tiempo juntos en educación sexual. 
  • Activar las ganas de mantener contacto sexual estimulando el erotismo en pareja. 
  • Reforzar la comunicación asertiva. 
  • Ampliar la creatividad y salir de la rutina.

 

Las dificultades sexuales de la pareja son responsabilidad de los dos, el problema nunca únicamente de una parte. 

 

Poner el peso, la culpa o esperar la solución de una de las partes, únicamente agrava el problema. 

 

Lo más importante es concienciarse que los dos sois igualmente responsables de vuestra propia sexualidad y que los dos sois responsables del deseo conjunto. 

¿Cuándo me puede ayudar ir a terapia sexólógica? 

  • Si la situación genera conflictos de pareja. 
  • Hay malestar personal o sentimientos como culpa, tristeza, abandono, rabia, asco…
  • Si habéis intentado “de todo” pero aún así la relación está mal.
  • Cuando “queremos” pero no “hacemos” por prejuicios o falta de educación sexual.

 

*Y si hablamos de poli, multiplica por cada uno de los miembros de la relación.