Oculto entre mis piernas, te escondes.

No quieres llamar la atención, pero eres el centro del poder.

Ayer te encontré mientras recorría mi curvas y esquinas, allí estabas silente, esperando a ser atendido. Te mimé, con esmero recorté el ensortijado pelo que te envuelve, depilé tus labios y los dejé suaves, preparados para un beso húmedo, limpié suavemente cada uno de tus pliegues para que sigas oliendo como me gusta, ese olor único que acelera los instintos de todos. Después te sequé y al frotar con la toalla parece que despertaste del letargo y la humedad entonces se hizo continua y fresca.

Estas allí sin pedir nada y con un simple toque me regalas momentos tan intensos.

Sé perfectamente lo que quieres, lo que te gusta.

Cuando estoy contigo puedo sentir cada uno de tus nervios transmitiendo placer, como una majestuosa pieza de música en la que cada instrumento suena en el momento preciso y con el compás exacto, te toco y me sientes, te siento. Somos una, te reconozco en mí y a la vez te desconozco. Eres mi misterio, mi secreto. Mis dedos en tu interior se pierden juguetones chapoteando en tus jugos, te recorro y se erecta solícito el Punto Todopoderoso del placer esperando a ser masajeado con la intensidad exacta para darme todo lo que yo necesito, esos segundos de gloria que sólo tu y yo conocemos.

Allí abajo, latente, en ese sitio recóndito que la evolución te asignó, esperas pacientemente que te acaricien,  estás sumergido en mi interior, me conectas con el mundo y me desconectas en la irrealidad del placer.

Caliente y oscuro, chorreando de ganas, mojando mis muslos. Insolente y desvergonzado. Caprichoso y a la vez complaciente.

Eres la meta y el principio, eres la vida y el todo.

Candela M.

 

 

ODA A MI COÑO- Relato Erótico
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