ODA A MI COÑO- Relato Erótico

ODA A MI COÑO- Relato Erótico

Oculto entre mis piernas, te escondes.

No quieres llamar la atención, pero eres el centro del poder.

Ayer te encontré mientras recorría mi curvas y esquinas, allí estabas silente, esperando a ser atendido. Te mimé, con esmero recorté el ensortijado pelo que te envuelve, depilé tus labios y los dejé suaves, preparados para un beso húmedo, limpié suavemente cada uno de tus pliegues para que sigas oliendo como me gusta, ese olor único que acelera los instintos de todos. Después te sequé y al frotar con la toalla parece que despertaste del letargo y la humedad entonces se hizo continua y fresca.

Estas allí sin pedir nada y con un simple toque me regalas momentos tan intensos.

Sé perfectamente lo que quieres, lo que te gusta.

Cuando estoy contigo puedo sentir cada uno de tus nervios transmitiendo placer, como una majestuosa pieza de música en la que cada instrumento suena en el momento preciso y con el compás exacto, te toco y me sientes, te siento. Somos una, te reconozco en mí y a la vez te desconozco. Eres mi misterio, mi secreto. Mis dedos en tu interior se pierden juguetones chapoteando en tus jugos, te recorro y se erecta solícito el Punto Todopoderoso del placer esperando a ser masajeado con la intensidad exacta para darme todo lo que yo necesito, esos segundos de gloria que sólo tu y yo conocemos.

Allí abajo, latente, en ese sitio recóndito que la evolución te asignó, esperas pacientemente que te acaricien,  estás sumergido en mi interior, me conectas con el mundo y me desconectas en la irrealidad del placer.

Caliente y oscuro, chorreando de ganas, mojando mis muslos. Insolente y desvergonzado. Caprichoso y a la vez complaciente.

Eres la meta y el principio, eres la vida y el todo.

Candela M.

 

 

“Just a little bit harder” – Relato Erótico

“Just a little bit harder” – Relato Erótico

Comenzó hace muchos años jugando a dominar, pero pronto se dió cuenta que perder el control de su cuerpo era lo que realmente le satisfacía y sus entretenimientos fueron cada vez más extremos: látigos, apostar todo o nada en la ruleta, BDSM, pinzas de corriente apretando sus pezones, Black Jack, mordazas, asfixia… En una vida vacía, el sexo y apostar en el juego era una mera vía de obtención de placer.

Atada de manos se rendía a las lenguas que acariciaban su cuerpo y obediente succionaba todo lo que entraba en su boca. Disfrutaba dejándose tocar, el antifaz de terciopelo le privaba de la vista y le regalaba sensaciones más intensas, lo mejor era el final, una mano apretaba su cuello justo en el  instante en el que perdía la noción de la realidad, solo cinco segundos de intenso orgasmo no eran suficientes, y ese  peligroso juego,  prolongaba unos instantes su gozo.

Había sido una noche perfecta,  ganó en el casino más dinero del que podía llegar a gastar -a pesar de sus excesos –  y para celebrarlo invitó a sus compañeros de juego a casa. No faltaron drogas, buena música y alcohol, la orgía duró hasta la madrugada. Ahora solo estaban ella y su oquedad. La esencia de las velas a medio consumir se mezclaba con el olor de los fluidos del sexo. Allí mirando las sabanas mojadas testimonio de la lujuria, asumió que su vida ya no tenía sentido,  ya no quedaba nada más por hacer con ese cuerpo exquisito del que tanta gente se deleitó, si había algo más allá debía sentirlo porque aquí no existía nada inexplorado, se apoderó de su mente el deseo de estar eternamente en asfixia, le pudo la codicia de satisfacción. Enfundada en un mono de látex, se metió una última raya, subió la música  y a modo de nota suicida programó la repetición indefinida de la canción “Just a Little bit harder”

Las anillas que pendían del techo se le antojaron más frías de lo normal, experta en el arte del bondage, ató la cinta de seda negra con un perfecto nudo constrictor de corbata. Retocó sus labios con carmín mientras escuchaba  “si esto es un sueño no quiero que nadie me despierte, voy a intentarlo un poco más fuerte” en la voz de Janis Joplin. Se puso una bola mordaza que apretó con fuerza, su pálida cara contrastaba con el liso y negro pelo, se colocó el arnés vibrador de doble penetración y ajustó una a una las hebillas de las correas de cuero.  Activó el botón, y el aparato comenzó acariciando su clítoris suavemente, subió la potencia, y se apretó fuerte los turgentes pechos, estaba cerca, a punto de llegar, pero una parte de su ser se resistía, el miedo la excitó mas, era algo que no había experimentado hace años, pero ahora era diferente, lo deseaba, quería morir.

Cuando el orgasmo se apoderó de sus piernas perdió el control de sus músculos y cayó con un estrepitoso golpe al vacío, la cinta alrededor de su cuello hizo el resto, por unos segundos pudo sentirlo, ya no había distancia entre el placer y el dolor, con el vientre caliente y los ojos en blanco intentó dar una última bocanada de aire para disfrutar más de esa punzada asfixiante que se clavó en el pecho. Bajo sus pies fríos quedó la bolsa de dinero, testigo de la carencia de tenerlo todo.

Candela M.

Debo haber sido una niña mala.

Debo haber sido una niña mala.

Hace años que no creo en la magia y aun así le pido una cosa a los Reyes desde que tenía 17 años, lo deseo cada navidad: Quiero un polvo Real, que me follen los tres Reyes a la vez, uno por cada agujero.

Hoy como cada 6 de enero desde que soy adulta me levanto sola.  No me molesto en vestirme,  a nadie le importa que solo lleve braguitas,  me preparo el café y me siento a desayunar un poco de roscón, al cortarlo noto que el cuchillo se topa con algo duro, es una pequeña figura de Baltasar lleno de nata  y  como soy muy golosa lo chupo.

Al meterlo en mi boca se fue hinchando, sus dimensiones se hicieron humanas poco a poco,  tuve entonces  entre mis manos un tentador Baltasar, real y desnudo, un trozo de carne negra con corona que me miraba inerte. Sin salir de mi asombro comencé a lamerle, deseaba comerme todo, le chupé la nata de todo su cuerpo negro, restregué mi lengua ansiosa por sus musculosos pectorales mientras apretaba sus nalgas, ¡Estaba tan excitada! ¡Por fin los Reyes me habían escuchado!

Mientras esperaba que aparecieran mágicamente Melchor y Gaspar, fui bajando despacio con mi boca en su piel, mi lengua lamió minuciosamente cada línea de sus abdominales perfectamente definidos, despacio, no tengo prisa, disfruto cada dulce instante, su cara conserva ese rigor de plástico pero a la vez es real, no gime, no se contorsiona y no me importa, porque el placer es mio, estoy saciada de dulce pero me dejo lo mejor para el final, bajo y busco entre sus piernas. Debo haber sido una niña mala porque solo había un haba amarga y pequeña.

Ahí me quedé, empachada e insatisfecha, como cada año.

 

Candela M.

 

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