Lo bueno de las fantasías muchas veces es no hacerlas realidad porque mientras están en mi mente son perfectas: en mi mente las pieles son suaves y sin defectos, la gente huele bien y dice exactamente lo que yo quiero oír, me tocan como me gusta, me follan como yo quiero, soy la dueña de la situación, en mi mente la fantasía se crece, puedo pensarlo una y otra vez y siempre produce un efecto orgásmico en mí.

Me pregunto si ese chico que me mira sentado frente a mí en el metro se está imaginando que se la chupo. Estoy a 4 metros de distancia, pero en mi cabeza está pasando.

A veces las fantasías llegan en el momento menos indicado, hace unos días por ejemplo, hablando con mi abogado, tenía que haber prestado atención a sus palabras y no al movimiento de sus labios, pero mi mente se apoderó de mis sentidos y en mi cabeza esa boca me comía el coño hasta acabar.

Cuando tengo una fantasía  la puedo reproducir una y otra vez, la diseño y la edito cuantas veces quiera, soy la directora de la película que hay en mi cabeza.

En la ducha, a veces lo pienso, me acaricio el cuerpo mientras me enjabono y veo mis tetas en el reflejo de la mampara y entonces me imagino que somos 2 y estamos en la ducha, desnudas, nos frotamos nuestros cuerpos turgentes, su mano en mi coño, la mía enjabona sus nalgas, ella me gusta porque a mí me gusta mi cuerpo y mientras el agua cae por todo mi cuerpo me corro pensando en ese ser abstracto que se ha duchado conmigo.

Fantasear es un arte que he perfeccionado con el tiempo, requiere “material de apoyo” y hay días en los que – como todos – tengo menos imaginación y me cuesta crear los detalles, pero en un ejercicio conjunto de esfuerzo y ganas logro reunir esas pequeñas piezas que completan el todo de mi imagen mental, a veces es una canción o una palabra, a veces algo que veo o siento, pero me gusta ir hilando la historia como si de un guión de cine se tratara. Sin los detalles mi fantasía no está completa. Necesito crear esa química que corta la respiración para que todo lo demás sea perfecto.

Ya me pasaba hace años, imaginaba a mis profesores, imaginaba a mis amigos y amigas, pero no sabía que esto de la mente tenía tanto potencial.

Me gustaría saber si ése chico que fue mi vecino imaginó alguna vez también esa escena en la que yo en camiseta y sin sostén llamaba a su timbre para pedir azúcar y terminábamos revocados en el suelo de cocina llenos de azúcar por todo el cuerpo, despeinados, desahogados.

Durante mucho tiempo eludí mis pensamientos, quizás por vergüenza o por pudor, no sé, lo cierto es que con los años descubrí que mi mente era ése sitio donde podía hacer cualquier cosa y nadie me reclamaría nada, es el único sitio donde no debo reprimirme, donde puedo pensar soñar e imaginar hasta lo que no te puedo contar. Ni a ti ni a nadie. Hay fantasias que me gustaría hacer realidad, y hay otras que quiero que siempre sean eso. FANTASIAS

Candela M.