Hace años que no creo en la magia y aun así le pido una cosa a los Reyes desde que tenía 17 años, lo deseo cada navidad: Quiero un polvo Real, que me follen los tres Reyes a la vez, uno por cada agujero.

Hoy como cada 6 de enero desde que soy adulta me levanto sola.  No me molesto en vestirme,  a nadie le importa que solo lleve braguitas,  me preparo el café y me siento a desayunar un poco de roscón, al cortarlo noto que el cuchillo se topa con algo duro, es una pequeña figura de Baltasar lleno de nata  y  como soy muy golosa lo chupo.

Al meterlo en mi boca se fue hinchando, sus dimensiones se hicieron humanas poco a poco,  tuve entonces  entre mis manos un tentador Baltasar, real y desnudo, un trozo de carne negra con corona que me miraba inerte. Sin salir de mi asombro comencé a lamerle, deseaba comerme todo, le chupé la nata de todo su cuerpo negro, restregué mi lengua ansiosa por sus musculosos pectorales mientras apretaba sus nalgas, ¡Estaba tan excitada! ¡Por fin los Reyes me habían escuchado!

Mientras esperaba que aparecieran mágicamente Melchor y Gaspar, fui bajando despacio con mi boca en su piel, mi lengua lamió minuciosamente cada línea de sus abdominales perfectamente definidos, despacio, no tengo prisa, disfruto cada dulce instante, su cara conserva ese rigor de plástico pero a la vez es real, no gime, no se contorsiona y no me importa, porque el placer es mio, estoy saciada de dulce pero me dejo lo mejor para el final, bajo y busco entre sus piernas. Debo haber sido una niña mala porque solo había un haba amarga y pequeña.

Ahí me quedé, empachada e insatisfecha, como cada año.

 

Candela M.