Un día cualquiera, es muy pronto, mi taza de café me dice que hoy va a ser un buen día, pero es difícil saberlo aún, hace frío y mi cuerpo me pide que me duche urgentemente para poder activar la circulación. Al salir de la ducha un mensajito en el móvil cambia mi panorama:

— “¿qué tal estáis chicos?”

El mensaje llega a mi teléfono pero está dirigido a los dos, porque esto de ser Swinger es cosa de parejas. Parece evidente Intercambio de parejas, parejas liberales, en fin que contrario a lo que algunos se empeñan en normalizar, en este mundillo TODO ES COSA DE PAREJAS.

En nuestro particular argot este mensaje significa –  ¿follamos?-  y reconozcámoslo esto despierta más que un expreso… Ya tenemos plan, me encanta la invitación “tomamos algo en casa y vemos lo que pasa, vendrán otros amigos que no conocéis pero son muy majos”

Para los que no entendéis esto, no hay explicación posible:  ser Swinger no es una secta o un club exclusivo o gente depravada que folla sin normas, simplemente pensamos que no hay nada más excitante que ver la cara de placer de tu pareja cuando otra persona que no eres tú, es capaz de conseguir que se estremezca su cuerpo. Así que: eres o no eres.

Mucho se ha escrito y dicho últimamente sobre el Pluriamor o el mundo liberal, lo cierto es que algo que siempre ha existido ha pasado de ser un tabú, a ser un tema de conversación morboso entre jóvenes y adultos que,  llevados por la curiosidad y más allá de considerar las implicaciones y consecuencias, quieren meter las narices (o la polla), en un mundo que muchas veces supera al imaginario popular. Esto es una opción sexual como cualquier otra y aquí dentro hay gente de toda clase, de diferentes gustos y orientaciones sexuales, de diferentes edades y físicos, pero todas son parejas establecidas con ganas de pasarlo bien, dar y recibir placer.  Simple.

El día está lleno de mensajes insinuantes por el móvil, “no veo las ganas de acabar esta jornada y tomarme un vino en vuestro sofá”. No me pongo bragas, hoy no las voy a necesitar, mi coño está expectante sé que será una buen día, ahora si lo sé.

Me encanta la tensión que supone romper el hielo, follar entre 6 no es tan fácil como parece, alguien debe saber en qué momento dejar de hablar del clima y meter la mano convenientemente por alguna parte oculta de manera no tan discreta para que el resto entienda que es hora de follar: calentamos, acariciamos, sonrisa, te cojo la mano y la llevo donde me gusta, nos acoplamos, piernas, manos, todo cabe en este estrecho sofá. Allí debajo de los botones del vaquero están prisioneras unas pollas que cada vez se hacen más grandes, no puedo resistirme, las libero y salen firmes, calientes y dispuestas. Me encanta chupar pollas, allí, todas juntas en mi cara, suplicando que las lama, que las toque, babeando por mi saliva y mi lengua. Lo reconozco, tengo el ego más grande que las tetas, y me encanta que me miren, que me deseen, me encanta tener el punto de control entre mis piernas y decidir quién me folla y cuando dejarme penetrar. Follar, sin más, comernos, lamernos, chuparnos, el placer está allí, al estirar la mano hay un culo firme al que acariciar y del otro lado tetas generosas botando por el movimiento provocado por otra penetración, mientras mis piernas se entrelazan con otras piernas, hay 2 pollas en mi boca pero ya no tengo más manos, chupo, toco, ooh! Alguien me come el coño, no se quien,  es maravilloso. Cada uno a su ritmo y al mismo tiempo acompasados por la química y la complicidad de disfrutar con el placer ajeno.

Esto es sexo sin más, no hay compromisos, lo bueno se repite en casa y lo malo se comenta en pareja, nos vamos, no hay nada más que decir, salvo ¿repetimos?.

Candela M.